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DESEAR EL ZEN 48

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La vida que auspicia el Zen mana, brota, supura, de la herida inevitable de vivir.  Del mundo humano suele afirmarse que en el principio era el dolor . Solo una mirada punzante y sostenida (como importaría que fuera la del Zen) puede hacerse capaz de discernir tanto el desajuste natal, ínsito , como aquel otro desajuste, social, por así decir sobrevenido .  Olvidaba algo crucial: el Zen no quiere convertirse en argumento político; le basta con ser una mirada .  Alberto Silva

DESEAR EL ZEN 47

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La humanidad ya estaba herida antes que cada uno de nosotros llegara , de un modo independiente a voluntades individuales. Importa entenderlo. Está herida porque, por el hecho simple de vivir, cada individuo manifiesta un desgarro inicial, característico del modo humano de estar en la tierra.  Una persona respira, ama, sufre, siente, se desarrolla gracias a la herida de su discontinuidad, su heterogeneidad, su asimetría. Y consigue existir aprovechando  respiraderos imprevistos auspiciados por el error, el accidente, la imprevisibilidad. ¡El a veces terrorífico  koan del azar!  A l principio lo tomamos como interferencia molesta (¡desearíamos tanto tener un riguroso y previsible plan de vida!: muchos lo adoptan, obedeciendo el que otros les han fijado). Pero, en realidad, esos misterios son consecuencia paradójica (y benéfica) de nuestra complejidad constitutiva. Sugieren que no disponer de un discurso totalizador o de una racionalidad definitiva...

DESEAR EL ZEN 46

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La humanidad está herida . Antes que nada, como efecto de sus continuas transgresiones, de las que en mayor o menor medida cada uno de nosotros es responsable. La violencia contenida (y a la vez desatada) en guerras mundiales mal disimuladas, perpetuadas con cálculo sistemático y, para ello, mantenidas en régimen de baja intensidad. El egoísmo avaricioso como parámetro espontáneo de la conducta colectiva. El furor consumista que uniformiza mentes y cuerpos, fomentando una vergonzosa estupidez. La aceleración de manadas de cerdos lujuriosos, que corren lanzados hacia el abismo estéril de la pornografía on line . El copamiento de lo público por pequeños e insidiosos proyectos privados, revestidos de reforma política o de iniciativa cultural.  Son llagas infectadas, veneno que supura, ante la pasividad de casi todos, y con la complicidad de los que allí saben encontrar pingüe negocio.  Alberto Silva

DESEAR EL ZEN 45

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El Zen proporciona un ejemplo adecuado para entender en qué debería consistir un proceso curativo alejado de magias y supercherías.  Dado que escucha la vida , el Zen la respeta (si me empujan, afirmaría que la adora ; y si fuera tildado de vitalista, tal vez la pondría como profesión en mi tarjeta de visita).  El Zen no se antepone a la vida, no da consignas a las personas, no expende recetas a eventuales pacientes. Se limita a abrir a la persona a una curación que ha ser conducida desde lo propio .  Aquí las cosas se complican para los más perezosos o los menos decididos (dos formas contrapuesta de un mismo síndrome de temor a la vida). Porque Zen consiste en indagar a fondo en qué consiste eso  propio .  Zen es aprender qué significa hacerse cargo de uno mismo. De otro modo, ¿para qué estimular tanta lucidez si no valiera la pena (o si resultara imposible) cambiar la vida? Cambiar la vida siempre consiste en abrir un cerco.  ...

DESEAR EL ZEN 44

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Para el Zen, la existencia se escribe con trazos que de tan contundentes y reales a veces consideramos (por error) groseros. Acierta el Zen cuando vislumbra que toda vida, cada vida, se concreta en hilos gruesos que se entrecruzan, se adosan, se enfrentan y se entrelazan ( katto ). Con movimientos no siempre previsibles acaban tramando lo que vemos (vale decir: lo que vivimos) como trasunto: algo tejido. Algo que nunca deja de ser singular pero puede acabar, dentro de lo que cabe, bien confeccionado.  Los humanos construimos una unidad sin duda extraña y misteriosa, pocas veces bien explicada. Sin embargo, al palpar nuestro cuerpo la unidad  aparece  a simple vista,  se manifiesta de inmediato. Es un modo de decir que la vitalidad unificada no depende de un razonamiento previo: se impone a la percepción (el asunto es estar en condiciones de percibir realmente). La e-videncia  de unidad la vivimos sin necesitar cogitación alguna: nos limitamos a ...

DESEAR EL ZEN 43

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El Zen se torna modélico  para la persona cuando consigue  encarnar   su naturaleza ; o, si se quiere, cuando  lo natural empieza a apoderarse de ella . Algo así le ocurre a quien persiste en el zazen , práctica de la meditación sentada. El dispositivo-Zen  (vale decir: gyoji , la práctica sostenida) dibuja ante los ojos de la persona una imagen interna ( gen : mirada o visión más allá de la representación) de lo que podría llegar a ser. Entonces la práctica lo vuelve  semilla de vida:  le enseña a crecer como ser vivo y a sentir savia que lo irriga por dentro . Dôgen llama a eso  myomyaku : vena vital. El zazen es una herramienta que conecta a la persona con la fuente o raíz o semilla dinámica de su vitalidad.  Si solo prestamos atención a la figuración convencional, la vida de muchas personas adopta en ocasiones apariencias grotescas, espeluznantes. En cambio, al absorber nutriente, lo que parecía monstruoso revel...

DESEAR EL ZEN 42

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El Zen solo cambia la vida si modifica coordenadas de individuos en particular, en momentos y lugares precisos, localizables, observables,  falsables diría Karl Popper. Un Zen capaz de cambiar la vida empieza curando viejas o nuevas heridas con un procedimiento expeditivo y que quisiéramos ejemplar. Alberto Silva

DESEAR EL ZEN 41

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El Zen , por lo menos el que aquí se propone (uno que se arropa en los planteamientos del patriarca Eihei Dôgen, ¡no minusvalorar tamaño detalle!), no socializa bien con las nuevas versiones (visiones) dualistas europeas del cuerpo, que hoy día publicistas  progres empaquetan con papel satinado posmo .  El Zen que puede interpelarnos desea zafar de la consideración abstracta de lo humano que prima desde hace dos milenios en la tradición filosófica que conocemos. Se pregunta si al Zen acaso no le corresponde envasar al vacío (como quien estaciona mermelada) el antiguo fantasma platónico que sigue acosando tantas mentes occidentales. Se pregunta si no le toca capturar de un zarpazo en su lámpara los espíritus desviados que susurran falsedades. Si no debería hacer como cierto estudiante de medicina que conocí: tomaba prestados del laboratorio fetos en formol para estudiarlos en su mesa de noche, cuando acecha la lucidez de la madrugada, en los espacios juveniles ent...